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Afectados dicen que en casi dos años, la falta de atención del gobierno ha causado la muerte de seis personas.
Maynor Ruiz
Domingo, 11 de Octubre de 2009
La casa de Tránsito Pinto, de 89 años, y de Margot Díaz Pinto, de 58,
en la comunidad Nueva Israel se partió en dos el pasado sábado 3 de
octubre. Una parte de la vivienda fue a parar al fondo de la quebrada
La Lechuza, desde entonces no les ha quedado más remedio que refugiarse
en los humildes hogares de sus vecinos.Uno
de los muros que tenía la vivienda adyacente a la quebrada, sucumbió
ante la fuerza de la corriente de miles de metros cúbicos de agua que
drenan por este cauce, en especial, cuando llueve. Ambas mujeres
corrieron con mejor suerte que otros habitantes de esta comunidad.
Entre 2008 y lo que va de este año, los lugareños hacen cuenta que seis
personas han muerto, ya sea arrastradas por la correntada o porque sus
viviendas colapsaron. Se trata de familias de escasos recursos económicos que a falta de una vivienda digna se ven sometidas a vivir en riesgo. Tránsito
y Margot subsisten de la venta de golosinas y carecen de una opción
habitacional. Su precaria situación financiera y su impotencia ante el
riesgo que viven a causa de las tormentas, les hace reclamar al
gobierno un techo seguro y digno donde pasar los últimos años de sus
vidas. Este par de señoras no son las únicas que exigen se
realicen obras de mitigación. Desde el paso de la tormenta Stan en
octubre de 2005, Protección Civil identificó a más de 2,000 personas
que viven en situación vulnerable a causa de las inundaciones. "Hay
noches en que nos turnamos para dormir porque las corrientes han lavado
los pequeños muros de las casas y están a punto de irse a la quebrada,"
manifestó Guadalupe López, habitante de la comunidad Nuevo Israel.
La versión de López, es confirmada por la jefa del Distrito Cuatro de
la alcaldía de San Salvador, Mirna Soriano. "Las últimas lluvias que
han caído han terminado de socavar los muros de contención de las
viviendas, las cuales en cualquier momento pueden ceder", sostuvo
Soriano. Otro factor que agrava la problemática son los cientos
de toneladas de ripio y concreto que se encuentran a lo largo y ancho
de la quebrada La Lechuza. "Esto impide el libre paso del agua y cuando
llueve hace que el caudal aumente y el agua comienza a romper los
muros" argumentó Óscar Menjívar, vecino de la Nuevo Israel. Cada
año la cantidad de estos materiales aumenta. Los afectados piden que
les ayuden a retirarlos. "Tengo más de 10 años de vivir aquí y he sido
testigo como cada año las corrientes se van llevando las casas" afirmó
Menjívar. Agregó que en el verano los vecinos se las ingenian
para construir pequeños muros, pero de poco sirven. "Aquí el Gobierno
tiene que hacer algo y pronto, de lo contrario esto se va a convertir
en un cementerio", dijo Menjívar. Los afectados expresaron que el
ministerio de Obras Públicas (MOP) les ofrece maquinaria para retirar
el ripio y la comunidad tiene que poner el combustible, pero no tienen
recursos. Para realizar obras de mitigación en este lugar, esta entidad
cuenta con un diseño aprobado por $6.6 millones, pero a la fecha, no se
ha ejecutado ningún trabajo. El alcalde de San Salvador, Norman
Quijano, ha dicho en reiteradas ocasiones que en este sector es urgente
hacer obras de retención. El edil ve con buenos ojos la construcción de
una bóveda. Este proyecto es avalado técnicamente por expertos de
la Asociación Salvadoreña de Ingenieros y Arquitectos (ASIA) y por
Alessandro Correra, un especialista italiano que construyó la bóveda
del barrio La Vega. (Ver notas aparte). Por el momento, la
alcaldía capitalina ha formado en conjunto con los afectados una red de
alerta temprana. También han habilitado la casa comunal para albergar a
las familias que lo requieran. El riesgo a inundaciones no es
el único problema en esta comunidad. Al peligro de perder sus vidas y
pertenencias por las inundaciones, su salud se ve amenazada por los
miles de zancudos que se reproducen en las aguas estancadas. Además,
por el tipo de basura que arrastra la correntada. "Hay ocasiones
que vienen hasta animales que se quedan entre los promontorios de
cemento y esto causa grandes pestilencias, y hay que estar soportando
esa insalubridad porque las autoridades no nos ponen atención", aseguró
Raquel Cárcamo, de la directiva de la Nueva Israel. |